Todo nuestro odio es producto de un mundo que nosotros creamos.

Flectere si nequeo superos, acheronta movebo
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martes, 22 de septiembre de 2015

Cosas de mayores

Hace mucho o poco tiempo, en un pueblo cualquiera, se hallaban dos chicos cualesquiera en un parque, hablando mientras descansaban después del largo rato de juego.

-Me he dado cuenta de algo muy raro en las personas mayores.

+¿Tú también te has fijado en que no saben que lo esencial es invisible a los ojos?

-Sí, pero no es eso, hoy en el recreo he visto como un niño llamaba a otro gafotas y se burlaba de él por ser diferente, y también he visto como un chico le pegaba a otro por haberle dado un abrazo a la chica que le gusta, cuando se lo he contado a mi papa y a mi mama, han dicho que eso son "cosas de niños", lo que me ha dejado muy confuso.

+Pues ahora que lo dices, hoy los chicos estaban jugando a un juego que se llama "el tocaculos", y lo que hacen es ir a tocarles el culo a las chicas, aunque ellas no quieren que lo hagan, y los maestros que dan vueltas en el recre siempre dicen que "son cosas de niños", les regañan un poco y les dicen a ellas que no les dejen que se lo toquen, ¡como si fuese culpa de las niñas!.

-¿Por qué cuando los niños hacen algo malo, son cosas de niños, pero sí un adulto hace lo mismo va a la cárcel? después de todo, yo siempre me fijo en mi papá y en mi mamá para ver como tengo que ser, y también en la tele, y seguro que los demás niños aprenden igual, ¿por qué no dejan de enseñar a los niños a portarse mal? así no se acostumbraran y no tendrán que castigarlos cuando crezcan.

+ Ya nos preocuparemos de eso cuando crezcamos, ¡ahora vayamos a jugar!

- Tienes razón, todo eso son cosas de mayores.

lunes, 6 de abril de 2015

Entre Hojas VI

Éste "entre hojas" lo voy a dedicar a los cuentos, esos grandes amigos que nos enseñan haciéndonos reflexionar y evolucionar por nosotros mismos. Éste cuento está extraído del libro "cuentos para pensar" de Jorge Bucay, os dejo el enlace de descarga aquí. Bueno, no me enrollo más y os dejo disfrutar de éste maravilloso cuento, espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hice y os anime a leeros el libro.



La ciudad de los pozos

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún pueblito humano. La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido. Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.

Algunos se llenaron de joyas, monedas de oro y piedras preciosas.

Otros más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos.

Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas post-modernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Paso el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más.

Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior.

Uno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada. Todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad. Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho.

Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido. Al principio tuvo miedo al vació, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había desecho. Un día, repentinamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: ¡¡¡Adentro, muy adentro, y muy en el fondo encontró agua!!!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua.

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia afuera. La ciudad nunca había sido regada más que por lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después. La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar "El Vergel".

Todos se preguntaban cómo había conseguido el milagro. Ningún milagro -contestaba El Vergel - hay que buscar en el interior, hacia lo profundo.

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desecharon la idea cuando se dieron cuenta que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas.

En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo al vacío. Y también empezó a profundizar. Y también llegó al agua. Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo.

¿Que harás cuando se termine el agua? - le preguntaban.

No sé lo que pasará - contestaba - Pero, por ahora, cuanto más agua saco más agua hay.

Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma. Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto: La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar.

jueves, 12 de diciembre de 2013

La historia de Pandora

La historia de Pandora es una venganza de Zeus como parte de un castigo a Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego.

Por orden de Zeus padre de los dioses, Hefesto dios del fuego, famoso por sus habilidades, formó la estatua de una hermosa doncella. La propia Atenea que, celosa de Prometeo, habíase trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura blanca y reluciente, aplícole sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las manos, coronola de frescas flores y le ciñó el talle con un cinturón de oro, adornada maravillosamente con policromas figuras de animales. Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le daría todo su encanto amoroso.

De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los Inmortales había entregado a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres.

Condujo entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmaron ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenuo hermano de Prometeo, llevándole una caja regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olimpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía de rechazarlo inmediatamente.

Epimeteo, olvidándose de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dio cuenta del mal hasta que ya lo tuvo. Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, y exentos de la torturante enfermedad. Pero la mujer llevaba en las manos su regalo, una gran ánfora provista de una tapadera. Apenas llegada junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volaron del recipiente innumerables males que se desparramaron por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la ánfora había un único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del Padre de los dioses, Pandora dejó caer la cubierta antes de que aquella pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el ánfora.

Entretanto la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas pues Zeus no les había dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los hombres, precipitó su paso.

La vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habían extendido por la tierra y sólo la esperanza quedó oculta en el fondo del arca.

Justo después de esto, Zeus mando buscar y matar a Pandora junto a su ánfora, para así asegurarse que nadie nunca pudiera liberar la esperanza de su interior. Pandora enterose de ello y huyó a esconderse a los confines de la tierra, pero sabedora de que nadie puede huir de los Dioses eternamente, decidió castigar a Zeus por su crueldad, escondiendo el único bien de la caja en un lugar en el que Zeus jamás pudiera encontrarlo. De esta forma, Pandora se dirigió de nuevo a los hombres, abrió la ánfora y liberó la esperanza,  la cual escondió en el corazón de estos.

Cuando Zeus poco más tarde encontró a Pandora con el ánfora abierta, al darse cuenta que había liberado su único bien, entró en cólera y le exigió saber dónde había escondido la esperanza, a lo que Pandora le respondió "He escondido la esperanza en el único lugar que los olímpicos teméis, allí dónde los hombres la podrán usar para protegerse de todos los males que me obligaste a liberar en el mundo, pues el corazón de los hombres es más poderoso que los dioses", tras esto, y dándose cuenta que la muerte sería poco castigo, Zeus condenó a Pandora a vagar toda la eternidad por la tierra, portando la ánfora a sus espaldas como recordatorio de su traición.

Y desde ese momento, la esperanza se esconde en el corazón de todos los hombres. Siempre que un mal nos acecha, siempre que la enfermedad, la fatiga, la tristeza... encuentran el camino hasta nosotros, siempre está ahí la esperanza, ella nos concede la voluntad para seguir adelante, nos da el valor y las fuerzas, no importa cuan complicado sea el reto, no importa lo duras seas sean las dificultades, la esperanza siempre estará allí donde la dejo Pandora.

Y allí seguirá por siempre, en su eterna lucha para protegernos de todos los males. Pues solo el corazón de los hombres es más poderoso que los mismísimos dioses.